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Rosa Godínez. Psicoanalista. Psicóloga clínica. CSMIJ Fundació Nou Barris

Presentación

08unaexpeA lo largo de un tiempo en el trabajo de la protección a la infancia se suceden una serie de experiencias que vale la pena explicar. Aunque sólo sea para dar cuenta de la complejidad que reviste la intervención con familias en un EAIA -Equipo de Atención a la Infancia y a la Adolescencia-. El presente texto está elaborado en clave de colaboración, tal como los profesionales de este equipo desarrollamos y sostuvimos nuestro trabajo en equipo.

La institución competente solicita a los EAIA que valoren si un niño o joven, menor de edad, se encuentra en una situación de alto riesgo, previa detección por parte de los agentes de la red socio-sanitaria, de que su familia da señales de maltrato y/o negligencia en su atención. En tal caso, hay que tomar las medidas de protección más adecuadas atendiendo al interés superior del menor, postulado principal de la legislación en materia de protección de la infancia.
Jacques Donzelot presenta lo social(1) como un dominio híbrido, en tanto actúa sobre los demás sectores creando relaciones entre lo público y lo privado: lo judicial, lo administrativo y lo ordinario. En el cruce entre estos campos los profesionales que trabajan en un EAIA tienen que intervenir en los casos de familias que arrastran problemas personales y sociales muy graves.
El ejercicio de la protección a un niño es una tarea ardua y complicada. Se trata de un trabajo en el que se ocupa un lugar de responsabilidad profesional, a partir del cual el profesional se debe autorizar a señalar porqué un niño está desprotegido en relación al Otro y cuándo esta desprotección es un elemento que entorpece e incluso daña su crecimiento global. En palabras de un educador social que trabajaba con muchachos tutelados por la administración: “hay que tener ganas”. Con el tiempo, entendimos que “estas ganas” remiten a una mezcla entre deseo y goce particular, necesario para la viabilidad de este tipo de trabajo.
En un periodo que duró alrededor de siete años, 1999-2006, las tres profesionales inventamos algunas maneras posibles de cernir el real convocado en este campo de intervención social. Ante la evidencia de un malestar creciente que se expandía a todos los sectores de nuestro trabajo, tuvimos que decidir qué acciones emprender para soportar -en el sentido de sostener y de hacer con lo insoportable- nuestra función profesional. Sabíamos que el punto de partida era contar con un marco de discurso y orientar nuestra práctica en función de sus principios éticos.
Por una parte, nos dirigimos a un grupo de investigación del espacio de formación del ICF -Instituto del Campo Freudiano- el Grupo de Psicoanálisis y Pedagogia(2) .Y por otra, solicitamos y obtuvimos una supervisión de equipo para abordar las tensiones y dificultades que se producían en el transcurso de nuestras intervenciones y encontrar las soluciones posibles.
En el grupo de investigación y en el espacio de conversación con el psicoanálisis(3) -así convenimos en nombrar la supervisión institucional- recibimos una enseñanza gracias a la cual renovamos el ánimo y el interés por continuar en la brecha. Algunos puntos fueron de especial relevancia para nosotras a partir de los cuales pudimos orientar mejor nuestra práctica:

  • El discurso teórico y la posición ética del profesional son los dos pilares básicos sobre los cuales se organiza una intervención responsable con las personas.
  • El tratamiento del malestar que se produce por el lado del caso y por el lado de los profesionales pasa por mantener viva una conversación entre las partes intervenientes.
  • Apostar por una clínica del encuentro que posibilita la emergencia del sujeto y el tratamiento de sus padecimientos, aprovechando el contexto en el que se mueve la persona, su domicilio, la calle, los servicios sociales, la escuela, etc…y atendiendo a la singularidad del marco técnico de intervención del EAIA.

Eric Laurent(4) dice que el psicoanalista no es un hombre de acción y tiene que rechazar el uso del poder y también el uso de la comprensión llevada por el ideal: “no se trata de comprender, se trata de saber qué hacer para ayudar a alguien a elegir su destino”. La orientación contenida en este enunciado nos guió en nuestra experiencia profesional y colaboró en el deseo de inventar una herramienta que nombramos en un inicio proyecto de trabajo que mantuvimos en los cuatro años últimos, 2002-2006. Fue una experiencia que nos sirvió de investigación y que partió con la hipótesis que la escucha de los padecimientos de los miembros de una familia, niños y padres, nos daría luz para determinar la propuesta de protección más adecuada al caso. Nuestro objeto de estudio eran las relaciones entre los miembros de las familias según la subjetividad de cada uno de ellos. La familia leída desde la concepción de Lacan, como una institución que se rige por lugares y funciones regulados por la ley que marca el deseo, y no por lazos biológicos ni por instintos.
La escucha bajo transferencia que supone que ahí, en el lugar de aquel que habla, hay un sujeto, nos llevó al abordaje de la responsabilidad de cada uno. Localizando el deseo y el goce en cada drama familiar podíamos pedir cuentas al sujeto de sus elecciones (también a los niños y jóvenes). Posteriormente, abordábamos la difícil tarea de discernir y calibrar para un niño el daño real derivado del ejercicio fáctico de las funciones y tareas parentales. Para tal valoración, nos guiábamos por algo que Laurent recientemente precisó muy bien: “Hay que criar a los chicos de una manera tal que logren apreciarse a sí mismos, que tengan un lugar, y que no sea un lugar de desperdicio”.(5)
Al poco tiempo de llevar a cabo nuestra práctica se produjeron efectos en los sujetos, comprobamos que era mucho más fácil valorar las situaciones de vida de cada familia al contar con la confianza de las personas. Un trabajo en transferencia permitió que hijos y padres accedieran a hablar de sus asuntos y relaciones. Sólo así pudimos acercarnos con mayores garantías a saber cómo hacer con la problemática en juego. Se evitaron muchos ingresos no necesarios de niños y se produjeron otros de manera más orientada.
A continuación podremos ver un ejemplo de intervención en un caso llevada a cabo por una de las profesionales del equipo que colaboró y participó en la creación y puesta en acto de la modalidad de trabajo mencionada.