Seleccionar página

Intervención social en un caso de TMG

Paloma González. Trabajadora social . Centro de Salud Mental Infanto Juvenil de Nou Barris

06eltrabajoEl objeto de mi participación en esta sesión es el de poder transmitir, a partir del caso de R., los diferentes modos de intervención del trabajo social en el CSMIJ1. La mayoría de los casos que interviene el trabajador social es de forma indirecta, con esto quiero referirme a las coordinaciones sobre los casos llevadas a cabo por este profesional, tanto antes, como durante, e incluso después de ser atendidos en el CSMIJ. Coordinaciones con los terapeutas referentes en primer término, y con el resto de los profesionales de la red que puedan estar interviniendo. El objetivo de las coordinaciones es, en algunos casos, el poder valorar las condiciones necesarias para llevar a cabo un trabajo terapéutico posterior, el intercambio de información de la intervención de otros servicios, el seguimiento a lo largo del tiempo de esta intervención, el acordar estrategias conjuntas, la recuperación de casos puntualmente desvinculados, etc., todo ello con la finalidad de optimizar la atención de los pacientes y de sus familias. Con un volumen menor, pero no por ello menos significativo, el trabajador social interviene en los casos de forma directa, es decir a través de entrevistas con la familia del paciente, o en algunos casos con él mismo. Esta intervención siempre se lleva a cabo después de una valoración junto con el terapeuta referente, y con el propósito de poder contar con una valoración social más amplia de la situación del menor, de su entorno familiar, y de las necesidades que se desprendan de ella. El caso de R. ilustra estos diferentes modos de intervención, por parte del trabajador social, en el CSMIJ. Estaríamos hablando de un caso, en el que además de la patología mental grave de un menor concurren diferentes factores de riesgo en la familia, es decir en su entorno más próximo.
A lo largo de este proceso se pueden diferenciar dos momentos distintos en lo que se refiere a la incorporación del trabajador social en el caso. En un primer momento de forma indirecta a partir del trabajo de derivación con los SSAP2, y de coordinación posterior con los profesionales de este servicio para el seguimiento del caso, junto con la coordinación con el terapeuta . En un segundo momento, la intervención pasa a ser directa, con entrevistas con la familia, y continua siendo indirecta a través de las coordinaciones con los profesionales de otros servicios de los ámbitos social y escolar.
En febrero de 2001, a través de una llamada telefónica una educadora social de los SSAP consultó para una posible derivación del caso. En ese momento R. tenía 9 años.
Los servicios sociales conocían a la familia desde hacía aproximadamente un año, cuando la madre junto con R. se trasladan a vivir a Nou Barris. Los padres se habían separado después de una relación bastante conflictiva, con episodios de violencia importantes en los últimos meses de la relación. La demanda de la madre en ese momento era de una ayuda económica puntual.
Al poco tiempo la madre sufrió una operación quirúrgica con estancia en el hospital, debido a un problema cerebro vascular de carácter grave, que requirió posteriormente una larga recuperación en el Instituto Gutman, debido a las secuelas (ataques de epilepsia, lagunas de memoria, etc.), algunas de carácter irreversible. Los abuelos maternos se hicieron cargo de R. al principio, pero la abuela comenzó a trabajar y la situación cambio. Era R. el que cuidaba a su madre por las tardes, los servicios sociales tuvieron que intervenir de una forma más amplia, poniendo una trabajadora familiar por las tardes, el nuevo compañero de la madre con el que convivían no trabajaba por las mañanas por lo que la situación quedaba resuelta. La educadora informa que la Guarda y Custodia la tiene la madre y que la relación entre los padres sigue siendo muy mala. Desde el primer momento nos transmite su preocupación por las experiencias vividas por R. en el último año: separación de los padres (presenciando actos violentos), la enfermedad grave de la madre (su responsabilidad excesiva), falta de la presencia continuada del padre (rechazo a hacerse cargo de él cuando la madre enfermó), cambio de domicilio y de entorno (aunque se mantiene la escuela), la convivencia con un nuevo compañero de la madre (tiene buen vínculo con R.). Nos informan también de la preocupación de la escuela por los comportamientos de R., episodios agresivos con los compañeros y una mala relación con estos, que ha ido en aumento en los últimos meses. Cuando han tratado los problemas de comportamiento con la madre, ésta dice que su hijo siempre ha sido nervioso, de hecho le administra un tratamiento de acupuntura y de homeopatía, y ella también trata parte de sus dolencias con medicina natural. No obstante, la madre acepta consultar en el CSMIJ, cree que le puede ir bien, está preocupada, sobre todo, por lo que le llega de la escuela.
Acordamos que sería pertinente una valoración de R. para un posible inicio de tratamiento. La cantidad y calidad de los acontecimientos que le habían sucedido, podían estar provocando en el niño un comportamiento reactivo, focalizado en la escuela. Decidimos que fuese la misma madre la que llamara para pedir la hora de acogida en el CSMIJ. La madre había manifestado cierto rechazo en ocasiones anteriores a diversas intervenciones de los servicios sociales, por lo que creímos que era importante que no se sintiese desautorizada y se responsabilizara de este tema desde el inicio, aunque acordamos que servicios sociales se haría cargo de que R. pudiese acudir a las visitas, en el caso de que la madre o su pareja no lo pudieran llevar.
Después de la acogida en el mes de marzo y del inicio de las primeras visitas de R., inicié coordinaciones periódicas con la trabajadora social referente de servicios sociales y a su vez con la terapeuta de R. para el seguimiento del caso. Durante aproximadamente 9 meses, compartimos la información necesaria para conocer la evolución de la situación en los diferentes ámbitos, y poder hacer frente conjuntamente a los distintos problemas que fueron surgiendo. Por ejemplo, en un momento dado la madre empezó a quejarse en servicios sociales de que al niño no le gustaba la trabajadora familiar, era algo que sorprendía porque desde el inicio R. había establecido un buen vínculo con esta persona, paralelamente la terapeuta confirmaba que R. había empezado a traer esa queja dentro de la consulta, después de hablarlo a tres bandas pudimos concluir que más bien era la madre la que tenía una mala relación con esta persona, y que no podía soportar la sensación de pérdida con respecto al hijo. El compartir estas impresiones posibilitó el afrontar al unísono, desde cada uno de los ámbitos, el problema surgido y poder abordarlo. Desde el CSMIJ valorábamos como algo muy importante y necesario el soporte social que la familia recibía, de ahí la necesidad de preservarlo. Durante ese tiempo la situación familiar se fue estabilizando, la madre mejoró físicamente de forma notable, aunque seguía teniendo secuelas, y sobre todo R. estaba más tranquilo. En el mes de diciembre, dado que la situación estaba en principio contenida, servicios sociales nos comunicó que si nosotros no valorábamos que hubiera riesgo social del menor, ellos darían el alta, nuestra respuesta fue que desde el CSMIJ la valoración también era muy positiva, pero se seguirían las visitas aunque con una frecuencia menor. Estuvo viniendo durante los primeros meses de 2002, hasta que dejaron de venir, durante los cuales no se necesitó ninguna otra coordinación con los servicios sociales.
El caso volvió en octubre de 2003, un año y medio después, de forma muy diferente y con carácter urgente a través de la escuela. La terapeuta me informó que la situación que presenta R. en ese momento es más grave, y por otro lado, la información que llegaba de la situación familiar era en algunos aspectos bastante confusa. La posibilidad de introducir el caso en el PTMG3 nos llevó a acordar, el inicio de entrevistas de la madre conmigo para poder aclarar algunos puntos y resituar otros, y sobre todo actualizar información, ya que había habido varios cambios, que apuntaban hacia una posible situación de riesgo del menor.
Para llevar a cabo este proceso de valoración, el trabajador social del CSMIJ se sirve de un protocolo de Historia Social. Este protocolo fue confeccionado en sus orígenes, como anexo al protocolo del programa de TMG, y posteriormente adaptado a las necesidades del CSMIJ de NB, conjuntamente con la coordinadora del programa.
En síntesis la HS consta de tres apartados diferentes:
• En el primero se trataría de recoger aquella información, pasada y presente, de los diferentes recursos, en el término más amplio, con los que cuenta una familia, para establecerse como ese lugar idóneo de contención y de crecimiento en el proceso de vida de un niño.
• En segundo lugar, y a partir de toda la información recibida y de la valoración de ésta, se establece un diagnóstico social que comprenda tanto la dimensión individual como la familiar.
• Y por último, en tercer lugar, establecer un plan de intervención social, a corto o a medio plazo.
En enero de 2004 finalmente pude iniciar las entrevistas con la madre. Había habido grandes cambios, por un lado ya no residían en Nou Barris, a partir de la ruptura con su última pareja, durante el verano anterior, la madre y R. se habían trasladado de distrito a casa de los abuelos maternos. Tal y como lo explicaba la madre parecía que se hubieran refugiado como único lugar donde pudiesen ir, dada la precariedad económica en la que estaban. Económicamente contaban con una PNC4 por invalidez de la que la madre era beneficiaria, y con la pensión que pasaba el padre de R., además la madre realizaba trabajos esporádicos de venta ambulante, de forma irregular y bastante precaria. El padre tenía una relación estable con una mujer, de la cual había nacido una hija. La relación entre los padres de R. seguía siendo muy conflictiva, y con muchas dificultades para ponerse de acuerdo en aquello que tenía que ver con su hijo. Con respecto a su enfermedad, la madre admitía estar mejor, aunque tenía momentos de crisis, y lagunas de memoria, que le creaban problemas en la vida diaria. No mantenía los controles médicos, y en ese momento estaba aprendiendo pautas de medicina natural para así poder curarse ella misma y su hijo. La madre enfocaba la situación en casa de sus propios padres, como algo absolutamente transitorio, ya que su idea era alquilar un piso de forma inmediata y volver a la zona de Nou Barris. La madre expresaba la poca ayuda que recibía de sus propios padres, y que ni ella ni su hijo, que compartían la misma habitación, sentían que esa fuera su casa. Otra de las consecuencias que acarreaba este cambio de domicilio para R. además de la pérdida de relación con la antigua pareja de la madre, del que recibía muchos de los cuidados diarios y con el que tenía muy buen vínculo- era la lejanía del centro escolar con respecto al nuevo domicilio, esto comportaba que R. fuese solo en el largo trayecto. Una vez más uno de los únicos referentes que permanecía estable en la vida de R. era la escuela. A pesar de todas las dificultades que presentaba R. en ese ámbito, tanto la escuela como la madre no se planteaban un cambio de matriculación.
Con la madre acordamos, que yo me pondría en contacto con los servicios sociales para poder hacer una rederivación del caso, y que ella se comprometía a consultar con estos. El cambio de territorio también comportaba un cambio de referente, a pesar de varios intentos infructuosos, en consultas posteriores ellos me confirmaron que nunca les volvió a llegar el caso.
Paralelamente, junto con la terapeuta iniciamos reuniones con la referente del EAP5.
En ellas nos confirmaba que no sería positivo un cambio de centro para R., y que los problemas de comportamiento del chico se volvieron a iniciar al final del curso anterior, coincidiendo en el tiempo con la ruptura de la madre y su pareja. Uno de los puntos que acordamos en esa reunión y en las posteriores, era la necesidad de la intervención de los servicios sociales; acordamos diferentes estrategias conjuntas para derivar el caso, pero a pesar de ello, la madre se mostró totalmente reacia a consultar.
A lo largo del último año el caso ha pasado por diferentes momentos, en los que incluso ha sido necesario distintas estrategias para recuperarlo. El comportamiento desde hace unos meses de R. en la escuela se ha apaciguado mucho, pero lo que llega con respecto a la situación sociofamiliar y al estado de salud de la madre sigue siendo preocupante, lo que no nos permite pensar en que la situación se haya normalizado, por lo que se requerirá el seguir trabajando de forma coordinada con los diferentes profesionales.

Notas
1 Centro de Salud Mental Infanto Juvenil (CSMIJ)
2 Servicios Sociales de Atención Primaria (SSAP)
3 Programa de Trastornos Mentales Graves (PTMG)
4 Pensión No Contributiva (PNC)
5 Equipo de Asesoramiento Pedagógico (EAP)