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La simbólica animal en la fobia de un niño (*)

Sabina Spielrein (**)

12_la_simbolicaEl pequeño Misha era un niño físicamente sano, divertido, relativamente mimado por su madre. Era común que ella lo llamara Munia o incluso más tiernamente “Munitshka”. En ruso, estos términos son abreviaciones de “Mamunia”, que es un diminutivo de “Mamma” (mamá). El nombre del primer obje­to de amor “Mama” (mamá) o “Mamachen” (mamita), es un diminutivo corriente en lengua rusa, y lo es no sólo para las mujeres, sino por igual referido a los hombres(1). Las mujeres instruidas utilizan este diminutivo sólo para los niños, en cuyo caso existe además una causa psicológica. Por ejemplo, una madre le pide a su hijo: “Vamos, mamita, hazlo por mí”. En ese caso, ella se identifica hasta tal punto con su niño, que no llega a diferenciarlo de su propia personalidad(I). Ese proceso es eviden­te de modo particular en los sueños de madres cariñosas: el niño es regularmente la “personalidad deseada” de la madre, es decir, un representante simbólico de sí mis­ma, expresando sus dolores físicos y psíquicos, sus anhelos y temores.

La madre de Misha experimenta estos sentimientos por su hijo, mientras el niño, en parte a causa de una actitud emocional análoga, atribuye siempre diminutivos masculinos a su madre. Hay un rasgo de ironía en esta actitud que no puede desco­nocerse “Debes ser un hombre, tú también”. Durante un tiempo, Misha llamaba con predilección a su madre, “conejo gris”(2)(***) o “muchacho ladrón”. Siendo los dos per­sonajes característicos del mundo de los cuentos rusos. El “conejo gris” es un anima­lito miedoso, que sufre mucho las injusticias de los poderosos y que, en consecuencia, necesita ser protegido. “Eres agradable, tierno, conejo”, le decía a menudo Misha a su madre. Las niñeras suelen llamar cariñosamente a sus protegidos “conejito”. Misha también tenía una niñera de esas, una mujer de pueblo, que había sido su nodriza. En la actualidad, es a su madre a la que da este antiguo nombre. Al contrario del “cone­jo gris”, el “ladronzuelo” es un individuo totalmente autónomo y astuto, que debería haber sido castigado desde hace mucho, si se consiguiera atraparlo. Esas dos cuali­dades opuestas de la madre, consiguió condensarlas en un diminutivo que le da: “ladrón gris”. Es como si a través de ese nuevo nombre, el niño quisiera decir: “Tú eres un pequeño animal, miedoso y tierno, siendo al mismo tiempo tan astuto que uno debe desconfiar de ti: se podría pensar que eres un hombre —eres tan taimado­, ¡eres un hombre!— y, sin embargo, ¡eres un conejito gris!”(3).

A veces el niño grita encantado: “Ah, qué astuto, el gris”, designando a la madre. Una de sus ocupaciones favoritas era mentir a su madre. Si era pillado en flagrante delito por ella, confesaba riendo: “Sólo te engaño a ti, la maliciosa, ¡eres un ladron­zuelo gris! ¡Me gusta muchísimo engañarte!”.

Durante mucho tiempo, el niño no soportaba que su madre tuviera otra compañía distinta de su padre, por el que sentía mucho cariño. Si se trataba de otros hombres desconocidos, se mostraba bastante celoso. No le perdonaba a su madre que tomase en cuenta la opinión de algún otro, por ejemplo cuando se trataba de elegir un lugar de paseo. Una vez, se irritó mucho, porque prestó atención a la opinión de otro y quiso morder y pellizcar a su madre. En momentos de mayor calma, llorando le suplicaba que lo perdonara, no sabiendo él mismo por qué tenía la tendencia de hacer sufrir a su madre que quería tanto. Afincaba entonces que le daba mucha pena, que sabía que no se portaba bien, pero que no podía detenerse.

Misha era un niño muy nervioso y, a medida que pasaba el tiempo, sus nervios iban aumentando. Cuando tuvo alrededor de 10 años, comenzó su fobia a los monos. Su angustia era tan fuerte, que le era imposible quedarse solo en su habitación, y no se atrevía incluso a ir al baño si su madre no vigilaba detrás de la puerta. Le parecía, constantemente, que un mono querría saltarle encima.

Por casualidad, recuerdo que el niño en otros tiempos había llamado a su madre, cariñosamente “El malvado martyshka”(4), lo que el niño había olvidado por comple­to en la actualidad. Con el fin de que lo recordara, le pregunté si no había visto ya un mono parecido en algún lugar. Me respondió afirmativamente que recordaba haber visto uno en el jardín zoológico. Se trataba de un martyshka. Le pregunté si ese mono le recordaba a alguien. En efecto, recordaba que un día su madre había estado enfa­dada con él. Creyó que ella quería saltarle encima, como ese mono ahora. Desde entonces la llamaba “El malvado martyshka”.

Existe un cuento para niños, en ruso, que habla de un niño que excitaba a una Martyshka encerrada en una jaula, aunque se lo habían prohibido y que fue castigado por eso por el animal encolerizado. Misha había leído el cuento. Su fobia a los monos se desarrolló, entonces, de la siguiente manera: había querido hacer algo, lo que había encolerizado fuertemente a la madre. Ella lo amenazó y el niño transformó la amenaza en placer identificando, a través del diminutivo divertido, a su amada madre con la martyshka(II) que castiga. Con el tiempo, la relación entre el animal y la madre fue reprimida en el inconsciente: Misha debía reflexionar durante un cierto tiempo antes de recordar la asociación martyshka-madre(III). El nombre “martyshka” devino un representante simbólico del castigo por una culpa que no era consciente y que en otro tiempo estuvo connotada por el placer. En consecuencia el antiguo afecto de placer se transformó en afecto de angustia. ¿De qué culpa se trataba?, desgraciadamente no me enteré, dado que no veía al niño a menudo.

El padre del niño me contó una simbolización análoga de los padres bajo la for­ma de perros. Era un sueño: Misha veía a un gatito perseguido por perros y experi­mentaba una gran compasión por el pequeño animal. El padre consiguió establecer con comodidad la relación entre el sueño y la realidad: Misha había sido regañado, la víspera, por sus padres, que lo habían amenazado con un castigo.

Así, en el sueño, los padres eran perros que lo perseguían a él, pobre gatito. Freud analizó en Contribución a la interpretación de los sueños [Beiträge zur Traumdeutung) (IV), una fobia de un niño a los lobos].

Mi modesta contribución no constituye, es evidente, un análisis completo. La historia de Misha muestra simplemente, cómo los animales de placer y los de angus­tia son para el niño representantes simbólicos de los padres, de manera fundamental, de la madre, conforme a las afirmaciones de Freud.

De forma paralela, se me ocurre una historia divertida que escuché por casuali­dad respecto de los niños de un médico conocido mío. A los pequeños, un varón y una niña, les gustaba jugar al papá y la mamá. El rol del padre le correspondía a un conejo, mientras una cabra representaba a la madre. Los animalitos recibieron los nombres de los padres, Léo y María. Esta “mala costumbre” fue prohibida a los niños. La prohibición funcionó tan bien que los pequeños ya no llaman así a sus mascotas sino “Schatzi” (mi tesoro), que es como el padre y la madre se llaman uno al otro. La prohibición fue referida exclusivamente al nombre, porque no resultaba todavía claro para estas cabecitas rubias que el padre y la madre ocupan un lugar más elevado en la clasificación de los animales que el conejo y la cabra.

Notas de la autora

(1) Por el contrario, la famosa expresión rusa “Vaterchen” (papito) no se utiliza más que para los hombres.

(2) Quisiera recordar a los analistas que la liebre posee una pequeña cola. De donde probablemente la “Liebre pequeña”. No sé si esta asociación tiene un valor universal.

(3) De tanto en tanto, Misha le da otro nombre al que añade “pequeña”. No es un nombre decente, pero ni la madre ni el niño se han dado cuenta.

(4) Pertenece a la especie de los monos. “Martyshka” es femenino en ruso.

Notas de Alexandra Fehlauer, traductora al francés

(I) Sabina Spielrein utiliza el término de ‘personalidad’ en lugar del término ‘per­sona’. Elegimos mantener esta terminología.

(II) Alexandre Chemoglazov (traductor de Lacan al ruso) precisa que “es un moni­to”, “guenon” en francés, “marmoset” en inglés. Es pequeño (pequeña en ruso), estúpido y ridículo. A menudo es un adulto quien utiliza “martyshka” para hablar de un niña que es afectada y hace muecas.

(III) Por otra parte, hemos mantenido la alternancia del género femenino/masculi­no para el nombre del mono, considerando que la inversión del género refleja la relación a-a’ entre el sujeto (Misha) y el otro especular (su madre).

(IV) El título de la primera publicación del sueño del hombre de los lobos fue “Bei­träge zur Traumdeutung. Marchenstoffe in Traumen”, Internationale Zeitschrift für Ärztliche Psychoanalyse, 1913, n° 2, pp. 147-151.

(*) Es un artículo traducido al francés por Alexandra Fehlauer.

(**) Sabina Spielrein fue una analista de origen ruso. Inicialmente realizó un aná­lisis con Carl Jung y, posteriormente —seguramente por los problemas trans­ferenciales surgidos en su primer análisis—, se acercó a Sigmund Freud y al Círculo de Viena. Este texto, relato de una observación clínica, como solía hacerse en los inicios del psicoanálisis, nos ha parecido una pequeña joya de sutileza e inteligencia y su publicación constituye un merecido homenaje a su autora. Sabine Spielrein, se ha puesto de actualidad en este momento por el film de David Cronenberg Un método peligroso, ella es el tercer persona­je, la paciente histérica junto a Jung y Freud.

(***) En realidad el texto en francés dice “liebre gris” y seguramente es la traduc­ción correcta, sin embargo, elegimos tomar el significante conejo, animal vecino, porque el género de la liebre en castellano es femenino mientras que en francés y en el original el género es masculino y este elemento es funda­mental en la observación.

Traducción al castellano:

Miriam L. Chorne.

Artículo aparecido en la revista Cuadernos de Psicoanálisis, nº 30. Agradecemos la autorización para su publicación.