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Carmen Grifoll. Psicóloga clínica. Psicoanalista. Directora de la FNB

En el texto de J.A. Miller “Hacia Pipol IV”, se habla de clínica y pragmática(1). Si nuestro trabajo en la clínica es situado del lado de lo particular de cada sujeto, pudiendo hacer series con los casos, la pragmática tendría relación con el acto, con el saber hacer ante los signos que aparecen en un determinado paciente que llega a la consulta. Así, en su artículo J.A. Miller plantea que los analistas tendrán que “saber hacer o arreglárselas con los modos actuales de presentación de la clínica”.
11_la_insercion_1A partir de estas consideraciones me surgieron algunas preguntas en relación a casos de chicos adolescentes atendidos en el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil de la Fundación Nou Barris(2).
En los “Modos de presentación del Síntoma”(3), es frecuente encontrar pasajes al acto, agresiones, autolisis, rechazo del aprendizaje, agitación, conductas impulsividad, es decir, formas diferentes de manifestación de la angustia que no aparecen bajo la forma de una pregunta ni de un síntoma, sino de trastornos que con frecuencia tienden a ser borrados y sobre los cuales el sujeto poco o nada puede decir.
Muchos de estos adolescentes están “insertados” en modalidades de goce con las que corren el riesgo de ser excluidos, en algunos casos a menudo por la vía del castigo. No traen una demanda propia y se encuentran atrapados en una queja que denota su dificultad en separarse del adulto. Además, en muchos casos, cada vez más comunes, encontramos “las consultas de urgencia” y ”las urgencias en las consultas”, padres, tutores y educadores, desbordados y, en el mejor de los casos, angustiados por las conductas de los hijos. Podríamos decir que el pedido de soluciones rápidas, la urgencia del diagnóstico y la exigencia de medicación, en ocasiones esconden el sufrimiento y el malestar y puede ser un modo de hacer frente a la impotencia y el trastorno que ocasiona el comportamiento de los hijos o alumnos. Un modo, por otra parte, frecuente de dirigirse a otro y que se manifiesta acorde con los tiempos en que la salud es uno de los derechos fundamentales del ser humano y, en especial, la Salud Mental, que parece tener la solución para las enfermedades mentales. Nos encontramos en la actualidad con un intento de homogeneizar los tratamientos según determinados trastornos, la necesidad de protocolos y de guías clínicas donde la particularidad del sujeto queda borrada. Pero para acceder al síntoma del sujeto, a la particularidad de su malestar, a su modo de goce, se hace necesaria la transferencia, sólo así el acto clínico puede ser eficiente y éste no puede ser sustituido por los protocolos ni las guías.
Entonces, ¿qué podemos ofrecer, desde el psicoanálisis, a sujetos cuya modalidad de presentación clínica, pasajes al acto, agresiones frecuentes, rechazo a los aprendizajes, movimiento constante, son la manifestación de la angustia frente a la falta de respuesta o bien a muchos de los interrogantes que se presentan en la adolescencia, a la falta de un Otro a quien dirigirse, o al encuentro con algo amenazante de un goce que se manifiesta en lo real? Sujetos con dificultades con la palabra o con lo que Hugo Freda, psicoanalista, denomina “precariedad simbólica”.
¿Qué respuesta dar a la urgencia de las consultas, al pedido de medicación o a la demanda creciente de diagnósticos, que en muchos casos comprometen el futuro de un niño o lo remiten a una categoría diagnostica con la cual se pretende explicar todo lo que le ocurre? Es una época en que a menudo nos encontramos con padres infantilizados, educadores que han dimitido de su función y que buscan que el profesional o profesionales les den una respuesta que les exima de toda responsabilidad. En su lugar proponemos un trabajo conjunto en y con los diferentes agentes de la red de Salud Mental y los padres para así construir las respuestas.

¿Cómo hacer con los casos en que no hay demanda?
¿Cómo operar con la urgencia de padres y educadores?
Apostar por el Síntoma implica tener en cuenta la subjetividad, incluye la suposición de una causa y la responsabilidad en lo que el sujeto hace, ya sea por la vía del acto. El Síntoma supone un malestar que puede ser tratado. Pero para que esto sea posible se hará necesario instalar la transferencia, es decir, que el sujeto pueda dirigirse a un otro que acogerá su palabra, su decir sobre su malestar, para encontrar el modo de goce en el que se inscribe y las condiciones particulares de su inscripción en el Otro.

En los casos de adolescentes cuya clínica se caracteriza por los frecuentes pasajes al acto, construir un síntoma es ayudar a que el sujeto encuentre un punto de fijación para nombrar lo que le sucede.
La viñeta clínica que voy a presentar se inscribe dentro de esta problemática.

Orientada por el texto de J.A. Miller, me planteé en el caso:
– Un primer tiempo de trabajo con los padres que permitía un trabajo de lectura de aquellos “signos” que ponían de manifiesto lo que fracasaba, para cernirlos con recursos simbólicos.
– Con la paciente, instalar primero la transferencia para que algo de la demanda pudiera emerger, es decir, dar las condiciones para el sostén de la acción del analista. …

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