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Rosa Godínez. Psicóloga clínica. Psicoanalista. CSMIJ de la Fundació Nou Barris.

1. Introducción

El trabajo clínico en el CSMIJ de la Fundació Nou Barris supone un lugar privilegiado para que un sujeto trate sus problemas y padecimientos.

El portador de la consulta, por lo general, suele ser la pareja de los padres que plantea una dificultad o un problema con relación al hijo. Vienen por iniciativa propia o bien derivados de algún recurso de la red educativa, social y sanitaria: EAP, escuelas, médicos, servicios sociales, entre otros. Una primera tarea clínica será la de discernir en un primer tiempo de la consulta quién o quiénes son las personas del caso que pueden venir a hablar sobre su malestar. Se trata de que el sujeto se sienta concernido en aquello que dice, en eso que le ocurre y pueda, entonces, formular una demanda. Se requiere que pida algo al Otro –a su terapeuta– para que se produzca un movimiento de cambio subjetivo en relación a su problema.

11_desencantados_1El decir del sujeto, desde su posición de enunciación, apunta a lo más propio y singular, lo cual no es susceptible de ser tratado por ningún discurso, procedimiento o técnica que a través de criterios y clasificaciones universales pretenda homogeneizar los padecimientos psíquicos. Es a través de un deseo particular que se produce el relato y la construcción de un sujeto. La escucha de su palabra que contiene un acontecimiento vital o un sufrimiento merece dar un paso más, es decir, una respuesta. Un psicoanalista en la institución acompaña, en cada tratamiento clínico, para que el niño o chico pueda construir su propia respuesta frente a lo insoportable de su malestar.

2. En relación a la práctica clínica

En relación con el malestar en el aula me planteo algunas preguntas de entrada: ¿De qué se trata el malestar en el aula, para quién se produce, qué supone para uno y para los otros? ¿Qué hacer frente a ello?

Para acercarnos y obtener alguna respuesta, propongo tener en cuenta al menos dos niveles que, según mi experiencia, se ponen en juego en la práctica clínica.

2.a Nivel de la significación: Un otro, un maestro o un padre, localiza e interpreta que hay un malestar –un insoportable malestar– con relación a un niño, lo cual comporta que coloque ahí su sentido, una significación particular. Ésta se puede traducir como que el niño en cuestión es problemático, hiperactivo, conductual, etc., que desconcierta, irrita o angustia al otro. Esto puede llegar a extremos muy preocupantes, sobre todo en las ocasiones en que hay una interpretación fija de intencionalidad y voluntad del niño de molestar, fastidiar e incluso de hacer daño. Esta significación afecta a la subjetividad de unos y otros: niños, padres, maestros, los tres actores principales del malestar en el aula. Éstos inscriben sus respuestas en una sociedad compleja, como lo es la actual, cuyo discurso promueve la emergencia de manifestaciones sintomáticas particulares. De este escenario suelen surgir los chicos desencantados y resentidos.

2.b Nivel de la satisfacción: Un otro, que no soporta y se muestra impotente, responde ante un niño con el imperativo educativo superyoico del cumplimiento de reglas y normas, provocando un desencuentro radical que obtura y alimenta el circuito del malestar.

Se produce, entonces, un efecto bucle que nutre lo paradójico de una satisfacción que se complace en el enfado continuo, la agresividad o el odio. El desencanto y el resentimiento brotan dañando los vínculos y las relaciones. Cabe recordar la aguda reflexión de Freud en su obra El malestar en la cultura donde desarrolla la idea de que el sujeto no quiere su bien y, por otra parte, en la sociedad, a través del superyo que le es propio, se produce siempre el goteo de un malestar que hace actuar a los ciudadanos de la peor manera, incluso más allá de sus buenas intenciones.

Ante ello hay una salida posible cuando se produce la angustia o un padecimiento en el sujeto concernido; es entonces cuando hay posibilidades de corte, de separación de ese plus de satisfacción que genera mayor insatisfacción.

3. En relación al tratamiento del malestar

La experiencia de trabajo diario nos enseña que no hay tratamiento posible sin la creación de una red de apoyo.

El discurso del psicoanálisis nos ofrece una vía para el tratamiento de los malestares y síntomas de los niños y jóvenes que actúan, por lo general, empujados por la angustia. Si hay consentimiento por parte del sujeto, se abre un campo de posibilidades para salir del impasse al que su síntoma le somete.

Tratar con un muchacho su particular malestar pasa necesariamente por tener en cuenta, y también por incluir, a los otros que intervienen en el marco de su vida escolar y familiar: padres y maestros.

3.a Lo que enseñan los casos

Me apoyaré en algunas de las experiencias de niños y jóvenes, aquellas que relatan con palabras, con dibujos y con sus particulares objetos. Es decir, partiré de lo que enseñan sus particulares construcciones.

Quiero precisar que prefiero presentar el problema: el malestar en el aula más allá del trastorno mental, aunque partiendo de él. Con ello pretendo apuntar a uno de los fenómenos sociales en primera línea de actualidad que atañe a profesores, estudiantes y padres –lo cual trasciende categorías y clasificaciones, puesto que implica y atañe a los sujetos inmersos en el campo del lenguaje–.

A continuación expondré, a través del propio decir de algunos chicos, algunos puntos que nos enseña cada caso al respecto del malestar en el aula: …

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