Seleccionar página

José Miguel Leo Educador Social. Socio y educador de la Institución Balmes SCCL. Miembro del Grup de Recerca en Educació Social (GRES).

Docente colaborador del Grado de Educación Social de la UOCLa irrupción de la cultura digital e Internet genera en las instituciones socioeducativas, pero también en las familias, a padres e hijos, nuevos usos y costumbres que afectan a todos los miembros, tanto a los agentes de la educación como a los sujetos de la educación.

En algunos casos estos nuevos usos asociados a dispositivos y aplicaciones son una invención que aumenta el bienestar, que potencia la sociabilidad de los sujetos; efectos positivos que afectan a la socialización y a la circulación social. Estos beneficios operan tanto por la posibilidad de llevar consigo sus producciones y objetos privilegiados de la cultura (su música, vídeos o lecturas) como por la posibilidad de compartirlos o coproducirlos con otros.

La manera en que algunos individuos utilizan los dispositivos y las aplicaciones puede llegar a ser un obstáculo para la convivencia y el bienestar. Una parte de estos nuevos usos difuminan o amplían las fronteras de la intimidad, lo que puede provocar graves conflictos y situaciones de malestar. Este malestar está conectando con representaciones anteriores y actuales, pero se halla connotado por la inmediatez y la potencia de comunicar a muchos sujetos a la vez.

Algunas de esas aplicaciones están diseñadas en pos de los procesos extremos de individualización actuales, además de estar pensadas para facilitar el tecnopoder, al servicio de las nuevas sociedades de control, y son las tecnologías de dominación las que en algunos casos facilitan situaciones diversas de acoso o recopilación de datos, aparentemente innecesarios, y que en el mejor de los casos luego serán utilizados con fines publicitarios o comerciales.

Se trata de nuevos soportes, formatos, dispositivos y usos que nos muestran cómo Internet va mucho más allá de ser simplemente una nueva tecnología, ya que opera cambios en nuestra subjetividad, en la forma de mostrarnos y relacionarnos; en la comunicación, ampliando los círculos de intimidad, lo que algunos autores llaman extimidad. Nuestro entorno social y nuestros círculos de relaciones se multiplican exponencialmente en el mundo digital y tiene efectos sobre qué y cómo leemos, cómo accedemos al conocimiento y almacenamos nuestros recuerdos, o prescindimos de ellos con rapidez; como es el caso de Snapchat, la aplicación de mensajería instantánea de moda entre los adolescentes.

La identidad digital

A la multiplicidad habitual de identidades que son características de un sujeto, ahora le sumamos la identidad digital, evidentemente tan múltiple como la identidad que sostenemos en nuestras diferentes realidades y entornos físicos, citando a Jubany (2016: 146): “es pot definir com la informació que es publica, es comparteix i existeix d’un mateix en els suports digitals (webs, eines 2.0, xarxes socials, etc.)”.

Quizá la mayor diferencia entre una y otra es la facilidad de acceso que cualquiera puede tener a nuestra identidad digital, por eso es necesario acompañar y construir con los jóvenes criterios y orientaciones para diseñar y cuidar su identidad digital. Es necesario abrir y sostener una conversación que nos/les ayude a pensar cómo y qué quieren que sea visto, accesible en la red. Es decir, reflexionar sobre qué información, red de contactos y recursos pueden resultar positivos para su promoción social y, por el contrario, qué tipo de información, prácticas o conductas pueden suponer un perjuicio para su persona. Se debe desarrollar un trabajo destinado a que puedan evitar peligros como la suplantación de identidad, la difusión de informaciones e imágenes sin su consentimiento, así como diferentes modalidades de acoso como cyberbulling, sexting, grooming.

Los dispositivos de acceso y su uso

Existen múltiples dispositivos para acceder a Internet como ordenadores de sobremesa y portátiles, tabletas digitales, consolas de videojuegos, televisiones y casi cualquier aparato situado en la órbita del Internet de las cosas. Los dispositivos móviles (Smartphone) son privilegiados por los adolescentes debido a su capacidad de acceso a la red, la potencia para lanzar aplicaciones y, por supuesto, la duración de su batería, y además son utilizados como un centro de ocio multimedia.

Desde el CEE Balmes 1 (de la Institución Balmes SCCL) hemos tenido en cuenta que los jóvenes se conectan desde diferentes dispositivos y por eso hemos apostado por posibilitar dicha multiplicidad utilizando aplicaciones y programario online, multiplataforma (Android, iOS, Windows…) gratuitos. De esa manera nuestros estudiantes pueden sacar el máximo rendimiento de la condición de portabilidad conferida a sus producciones, ya que pueden consultar, leer o compartir los trabajos realizados en cualquier lugar donde dispongan de conexión a Internet. Además a los profesionales nos permite diseñar la oferta educativa atendiendo a las condiciones de habitabilidad y estar de cada sujeto, así como a sus capacidades. A continuación exponemos una experiencia de nuestro centro que ejemplifica el trabajo en diferido.

Hay chicos que en el contexto de la clase no encuentran las condiciones para llevar a cabo sus trabajos, su presencia oscila entre la apatía y la inhibición. Proponemos realizar una presentación sobre un tema de su interés utilizando la aplicación de presentaciones de Google Drive y, después de varias sesiones, uno de los chicos participantes no consigue tener el tema sobre el que va a versar su trabajo y pactamos que en la próxima sesión revisaremos las diferentes tareas y las proyectaremos. El chico en cuestión responde con un lacónico “Vale”. Un análisis demasiado rápido y/o simplista podría concluir que el sujeto muestra falta de atención o falta de interés. Ese sujeto que parecía no atender ni mostrarse interesado por la oferta realizada en el grupo clase, envía a la mañana siguiente, dentro del plazo establecido, su presentación realizada con Google Drive, siguiendo las indicaciones dadas en clase, compartiéndola con los educadores y compañeros. La sorpresa se produce, el chico ha utilizado todos los recursos que hemos explorado y su trabajo es excelente. Esta posibilidad de acceder a su trabajo de manera remota le ha permitido superar los inconvenientes que para él supone el trabajo en una clase, pero también nos ha mostrado que su posición, que percibíamos como abúlica y no demasiado activa, era una manera de prepararse para la apropiación de la oferta educativa.

La pregunta compartida por diferentes agentes de la educación y en diferentes instituciones socioeducativas tiene que ver con el uso; es decir, ¿pueden los sujetos utilizar sus Smartphones?, ¿podemos validar el uso y la posibilidad de llevar consigo que ofrece el objeto teléfono móvil? Sobre esta cuestión algunos alzarán rápidamente el muro de la prohibición y otros pensarán que no se puede poner puertas al campo, que hay que aprovechar que los sujetos lleven en el bolsillo una tecnología que supera con creces a la que llevó el hombre a la luna, como nos explica Jordi Jubany en su libro La família en digital (2016). En éste el autor nos invita a un recorrido sugerente sobre los cambios y efectos provocados por la cultura digital. En este sentido cabe resaltar las recomendaciones sobre cómo posicionarse ante estos cambios desde una mirada pedagógica que se aparta de la polarización apocalípticos vs. integrados.

Pel que fa al joves, prohibir-los l’accés al món digital o el seu ús no sembla una bona solució en l’època actual i pot esdevenir fins i tot un estímul. Prohibir fa perdre la possibilitat d’educar l’ús crític de les noves tecnologies. Per això acompanyar i orientar continuen essent clau dins de la família i les institucions” (p. 136).

Presentamos una nueva viñeta para mostrar el trabajo a partir de una fórmula clásica de la pedagogía, un Sí con condiciones, que permite a los jóvenes el uso del Smartphone en determinados contextos y en consonancia con la actividad que se realiza.

En el marco del CEE participamos en una actividad de deporte en la que realizamos un largo recorrido en transporte público. Algunos de los jóvenes piden poder llevar y utilizar sus dispositivos móviles para hacer más ameno el trayecto e incluso, en algún caso, es una condición para poder hacer la actividad. Accedemos a la demanda que realizan y la mayoría escuchan música o juegan, pero en uno de los viajes empezamos a ver reacciones extrañas en algunos de los chicos, que nos indica que estaba pasando algo. Uno de los muchachos se encara a otro y se insultan, al pedirle explicaciones nos dicen que uno de ellos les está enviando mensajes de WhatsApp con insultos y chorradas. Nuestra primera reacción en el momento fue pedirles a todos que ese día guardaran los móviles en la bolsa. Era viernes y los emplazamos a hablar el lunes sobre lo sucedido. Durante el fin de semana los incidentes continúan. Estos incidentes nos sirvieron para tener algunas charlas con ellos sobre la mensajería instantánea. Nos explican que la utilizan para quedar y organizarse, otros para avisar a la familia de cuándo llegan o salen, pero algunos chicos enseguida derivaban a insultos, faltas de respeto y amenazas, e incluso a veces entre varios acosaban a alguno en concreto. Así se nos abrió una puerta para poder trabajar y reflexionar con ellos sobre estas situaciones. Algunos interrogantes que surgieron en la conversación fueron:

• Cuando un mensaje resulta ofensivo, ¿podemos bloquear a quien lo emite?

• ¿Se debe, se puede comentar con los adultos los conflictos del WhatsApp?

• ¿Tengo que agregar a todo el mundo que me da su móvil?

• ¿Por qué en el móvil la gente insulta tan rápido?

• ¿Qué pasa con los grupos si hay chicos que molestan o si me quiero ir?

Éstas fueron algunas de las preguntas de una conversación abierta y que sigue en marcha, pero que ha facilitado una reducción ostensible de los conflictos, a la par que es una posibilidad para tratar con los adolescentes acerca de un uso más racional de la mensajería instantánea, construyendo criterios para su uso.

Con frecuencia a los profesionales de las instituciones socioeducativas nos preocupa que los sujetos puedan hacer un uso inapropiado de los dispositivos móviles. La mayoría de las veces, para los adolescentes, las respuestas caen del lado de la prohibición, ponemos un no o normativizamos con relación al objeto de los chicos y su uso. La pregunta pertinente es si esa norma también opera para los adultos y profesionales, ¿nos atenemos a esa norma?, ¿la ley también opera para nosotros? O la mayoría nos paseamos con el objeto (Smartphone) por espacios y tiempos en que los sujetos a quienes acompañamos lo tienen prohibido o regulado. En la actualidad algunos autores plantean la necesidad de “la dieta digital”, hacer un trabajo para pensar sobre las horas de conexión diarias y la necesidad de estar siempre conectados. Poder abordar, en los diferentes marcos institucionales, una conversación que nos ayude a cavilar y analizar juntos, agentes y sujetos de la educación, sobre el consumo que hacemos de las diferentes pantallas. Un trabajo para pactar horas y espacios de conexión/desconexión, una reflexión sobre las horas que ello nos roba para realizar otras actividades, para dedicarle realmente nuestra atención a otra persona o simplemente concentrarnos en una tarea. Incluso analizar los efectos para la salud, como las consecuencias sobre la visión o la higiene postural.

Para finalizar, invitarlos a no dimitir, a no abandonar a niños y adolescentes delante de las pantallas. Nacer en una época con una tecnología a su alcance no los prepara para su uso ni los protege de los peligros o inconvenientes que se desprenden de esa situación. Hay mucho trabajo por hacer y mucho deseo por mostrar como educadores, deseo en relación con nuestras disciplinas y con la cultura, también en relación con su dimensión digital y tecnologías asociadas. Por último, tenemos una responsabilidad como garantes de su educación y de sus derechos, debemos acompañarlos en la construcción de su identidad digital, mostrarles ideas y argumentos que les ayuden a navegar con criterio en la deriva digital y plantearles las diferencias entre lo público y lo privado, en fin, discernir con ellos la diferencia entre ficción y realidad.

Nota

(*) Intervención realizada en la XII Jornades de Debat de la FNB, mayo de 2016.

Bibliografía

Castells, M. (2001): Galaxia Internet. Barcelona. Plaza & Janes Editores.

– (2006): La sociedad red: una visión global. Barcelona. Alianza editorial.

Deleuze, G. (1999): “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, en Conversaciones (1972-1990). Valencia. Ed. Pre-textos.

Jubany, J. (2012): Connectat per aprendre: aprenentatge social i personalitzat. Barcelona. Associació de Mestres Rosa Sensat.

– (2016): La familia digital. Barcelona. Vic. Eumo Editorial.

Reig, D. (2012): Socionomía: ¿Vas a perderte la revolución social? Barcelona. Deusto.

Sibila, P. (2013): La intimidad como espectáculo. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica.