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Rosa Godínez. Psicoanalista. Psicóloga clínica. CSMIJ Fundació Nou Barris

El sujeto es un ser de lenguaje que adviene en el lugar del Otro a través de “un deseo que no sea anónimo”(1). El llanto, los balbuceos, las palabras del niño contienen una demanda que el Otro ha de acoger y otorgarle una significación particular. Cuando esta operación de constitución del sujeto resulta problemática, algo en el circuito de la demanda y del deseo chirría y es cuando nos podemos encontrar con manifestaciones sintomáticas en un niño en forma de respuestas paradójicas, sin sentido. La relación con el deseo nos da una buena orientación para analizar los casos, uno a uno, con los que nos encontramos en nuestra práctica profesional.

Los profesionales de la educación, del campo social, de la salud, entre otros, son quienes detectan en un niño dificultades y problemas. Por lo general, se trata de un sujeto atrapado en las redes de la relación familiar que responde frente a un exceso. El alcance de las respuestas de los niños de hoy se extiende a unos límites insospechados. La perseverancia, la repetición y la provocación habitual en la posición infantil afectan a los mayores, a los padres que impotentes no saben qué ni cómo hacer y a los maestros y educadores que angustiados, por el peso de su función, ven agotado su entusiasmo a la hora de intervenir. Las relaciones aún se complican más ante la resistencia de todo niño a admitir las renuncias y las exigencias de la educación y por la dificultad del mundo adulto en conceder un tiempo para el consentimiento.

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